Una reflexión sobre Proyectos Informáticos
De proyectos se puede hablar mucho y de los proyectos de implantación
de soluciones informáticas muchísimo. Siempre se hablan de los fracasos de los
proyectos de los demás, pero poco hablamos de los nuestros. En los cursos vemos
constantemente que hay que generar las actividades sobre lecciones aprendidas,
pero estas no están sistematizadas en la mayoría de las Organizaciones.
Cuantas veces se cancela un proyecto cuando ya es
irremediable? Donde las decisiones han
venido sufriendo postergaciones, pero se podía haber cancelado mucho antes
evitando mayores pérdidas en los costos. Y me hago una pregunta final que en
alguna mesa de reuniones y amigos conocen que he dicho, cuando algún responsable
llega y dice “yo me equivoque”.
Cuando hablamos de proyectos fallidos, no necesariamente son
los proyectos que no llegan a generar el producto planificado, sino que también
hay proyectos que fallan porque usan un presupuesto mucho mayor al esperado o
supera por ejemplo los tiempos proyectados o hacemos disminuir el alcance del
mismo. Digamos, que según Prince2 superamos la tolerancia prevista. Sin embargo
luego se cuentan como proyectos exitosos y así lo vemos y así lo hacemos ver.
Entonces es difícil tomar aprendizajes de lo vivido.
A menudo muchas de estas fallas en proyectos grandes, pero también
en proyectos chicos son producto de que no generamos buenos planes. La etapa de
planificación requiere la importancia y por lo tanto el esfuerzo que
corresponde. Se requiere planificar a detalle. Se requiere planificar acciones
que mitiguen riesgos. Se requiere planificar etapas de control y de validación en
distintos puntos sobre el estado del proyecto. En proyectos más pequeños, a
menudo vemos que esta etapa no surge naturalmente como debería ser. Todos somos
profesionales, pero nos cuesta planificar. ¿Por qué?
Asociado a la planificación una vez que lo logramos, luego
nos cuesta mucho actualizar los avances. Nos cuesta más sincronizar
actualizaciones de varios equipos (“teams”). Y seguramente nos cuesta más aun
cumplir con las etapas establecidas de control de los avances. La experiencia
da que ese tiempo es muy necesario. Cumplir con el ciclo de planificar, hacer y
controlar y eventualmente ajustar debería ser un hábito de cada proyecto. Y
tener en mente esto, sobre todo en los líderes, me imagino cuanto ayudaría:
muchísimo.
He llegado a la conclusión que a los buenos técnicos les
cuesta planificar y gestionar los planes y a los buenos gestores de planes no
les gusta o les cuesta meterse en los aspectos técnicos. Sin duda que para mí
un buen gerente de proyecto es aquel que puede generar un balance entre lo
técnico y lo de gestión. Pero todo esto puede mejorar en una parte importante,
por mejorar nuestra capacidad de autocrítica.
Hay que identificar oportunidades, momentos y etapas de cuestionamientos propios,
personales y en el equipo. Siempre la autocrítica, por supuesto que constructiva, buscando cambios es una herramienta
fundamental para que puedan crecer los líderes y los equipos.
Son reflexiones de un viernes por la noche, aunque se publiquen un sábado. J
Se agradecen comentarios y criticas (constructivas)