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sábado, 9 de enero de 2016


La innovación por estos tiempos…

Todos hablamos de innovación cuando queremos hacer algo mejor, cambiar el rumbo a las cosas, impactar en áreas específicas o cuando no nos sentimos conforme con nuestros productos o servicios y queremos dar más. Hoy este aspecto es fundamental en muchas empresas para sobrevivir. Ya no se puede hacer un producto y perpetuarse en el tiempo sin hacer mejoras sustanciales sobre el mismo.

Si bien se puede hablar de innovación en los procesos, innovación en las organizaciones, por lo general se tiende a pensar en innovación asociado a mejoras en el campo tecnológico. Sin embargo, la innovación debería concebirse en forma más integral en tanto abarca otros aspectos como lo social, lo comportamental e incluso lo organizacional entre otros.

Desde que la sociedad industrial dio paso a la sociedad del conocimiento, la innovación ha sido un factor muy importante de desarrollo. Existe un índice mundial de la innovación  cuyos valores para el año 2015 se publicaron hace poco en Londres y donde los países de mayor destaque son: Suiza, Reino Unido, Suecia, Países Bajos y EEUU, todos países del hemisferio norte.  Este índice creado entre otros Organismos por la  Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), un organismo especializado de las Naciones Unidas,  fue realizado por 8va. vez el año pasado.  Seguramente este índice está asociado con los derechos de propiedad intelectual y licencias pero no deja de ser un indicador valido para una primera aproximación en el enfoque de este tema.

Mi segundo punto interés fue ver como aparecían los países Sudamericanos ubicados en este índice y el primero en la lista de ellos fue Chile que figura en el lugar 42,  nosotros Uruguay en el lugar 68, justo un lugar antes que Brasil y algunos más antes que Argentina.

Por supuesto que no festejaría un lugar 68, estamos entre los 10 primeros  países en futbol, este lugar creo que se podría mejorar, pero la pregunta siguiente sería cual es el camino. Necesitamos mejores entrenadores, mejores jugadores, más presupuesto, más liderazgo? Qué camino deberíamos transitar?

Seguramente deberíamos transitar un camino de conversión a una sociedad innovadora. Para ello debemos fomentar comunidades innovadoras, generar los espacios y buscar todos los apoyos posibles.

Y como es una sociedad innovadora?

Eduardo Kastica que es un referente en Argentina en el tema innovación y creatividad hace muchos años comentaba que cuando se plantea la innovación hay que pasar por una etapa de generar el ámbito y dejar fluir las ideas de unos y de otros  siendo muy importante la no censura de las mismas. Creo que en gran parte, ello pasa por generar las condiciones para ser partícipes de sociedades culturalmente más abiertas y dispuestas a dar paso a lo nuevo, condición indispensable para proyectarnos en los distintos ámbitos de nuestra vida y de nuestro entorno social con un espíritu donde la creatividad sea valorada y promovida. 

Para el desarrollo de  comunidades y de políticas innovadoras debemos comprometer a ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil y publica  con la investigación y la innovación. La innovación implica tomar riesgos. La innovación implica saber que vamos a cometer errores.

A su vez, para innovar hacen falta líderes con características especiales. Una de ellas es sin duda la  inspiración, la cual surge de encontrar un sentido y un significado en el trabajo que se realiza. Otra característica indiscutible es la visión estratégica,  los líderes innovadores más efectivos tienen la capacidad de describir de una forma vivencial su visión para el futuro. Y otro elemento es la persuasión que va de la mano con el entusiasmo y la confianza en las ideas.

Se ha dicho asertivamente, que el liderazgo y la innovación van atados de la mano. Porque efectivamente, no hay innovación sin liderazgo así como tampoco buenos líderes pueden carecer de un carácter innovador.

Mirado desde la perspectiva de Uruguay, es indiscutible que existen muy buenos líderes para estos retos y hay muchos ejemplos, pero también es cierto que frecuentemente se constata la incidencia de factores ajenos a las capacidades personales que limitan el desarrollo de nuevos líderes, convirtiéndose este aspecto, en una traba importante si aspiramos a ser una sociedad creativa e innovadora.  

domingo, 13 de septiembre de 2015

Una mirada personal a la evolución de las TI.

Siempre es bueno generarnos espacios de reflexión y poder compartir los mismos con quienes nos acompañan. En esta oportunidad mi idea es trasmitir mi visión con relación a como las empresas y organizaciones públicas y privadas han venido cambiando la forma de gestionar las Tecnologías de la Información (TI).

Hasta la década de los noventa,  los informáticos trabajábamos en cada Empresa en un ambiente técnico muy controlado con un dominio total de los programas que se ejecutaban a diario. Se conocía cada línea de código y se conocía como se usaba cada recurso del computador. En ese momento, los proveedores externos participaban de nuestro entorno principalmente suministrando los recursos físicos (hardware) y por supuesto los compiladores y bibliotecas básicas que permitían desarrollar y ejecutar las aplicaciones.

Aquí teníamos un jefe de centro de cómputo cuyo mayor desafío era tener controlado y dominado todo el software que se desarrollaba en el propio centro, se probaba con distintos juegos de datos, se documentaba y se pasaba a producción. Era común ver en esta etapa, a jefes con un perfil muy técnico debatiendo mucho sus ideas con los proveedores acerca del hardware y de sus beneficios. Era parte de su gestión, la correcta administración de los recursos de hardware ya que era el recurso CARO.

La tecnología como era de esperar fue evolucionando, las distintas gerencias y también los usuarios finales empezaron a demandar más y más funcionalidades  y comenzaron a desarrollarse nuevas empresas de software que generaban nuevos productos y nuevas soluciones. La cantidad de aplicaciones empezó a crecer dentro de los centros de cómputos y de a poco,  el jefe de estos centros se fue adaptando y comenzó a desarrollar nuevas habilidades gerenciales y  administrar cada vez más  aplicaciones. Como consecuencia directa,  empezó a delegar más, confiando  en sus colaboradores y empezó a controlar menos los aspectos de detalle  tecnológicos.  Las aplicaciones se fueron convirtiendo en “cajas negras” y el control de como trabajaba internamente cada aplicación empezó a ser bastante más desconocido. El desafío mayor del Gerente paso a ser el de coordinar a sus equipos conjuntamente con los colaboradores externos. Cada vez necesitó acordar más con los proveedores, generar acuerdos de nivel de servicio y de a poco fue clasificando a los proveedores de acuerdo a niveles de confianza.
Las habilidades gerenciales se orientaron a la negociación, las comunicaciones y el marketing, sin perder la necesidad de conocer su propio negocio: la informática.

Hoy por hoy,  se comprenden más los beneficios de la tecnología y se incrementan las demandas en funcionalidades  a la espera de respuestas más inmediatas o más rápidas. El Gerente debe resolver con mayor velocidad  y tiene cada vez más “cajas negras” que gestionar. Esas “cajas negras” cada vez más requieren comunicarse entre ellas, se definen y crecen los estándares y los protocolos de comunicación. Este cambio vuelve a impactar en el foco del Gerente, ahora tiene que ser el “director de orquestas” de ese conjunto de aplicaciones que se comunican todas con todas con lo cual,  ya no le queda tiempo para administrar cada una de las componentes de software por separado. Cada componente tiene su filosofía de trabajo, su administración, sus reglas, su propia configuración y su propia monitorización. Se ve la necesidad de incorporar equipos especializados para administrar cada componente y ya ese equipo de a poco empieza a estar fuera de la propia empresa.
Para apuntalar estos cambios,  se necesita tener el hardware (equipos, discos, etc.) con mayor velocidad y ello repercute en los tiempos disponibles para hacer una adecuada plantificación en la incorporación de nuevos.  Los tiempos para esa planificación se ven hoy cada vez más reducidos y en consecuencia, hay que evaluar alternativas más eficientes y eficaces que nos permitan disponer de la infraestructura de hardware y software en el momento que realmente se necesita.  
Una posible alternativa la visualizamos en “la nube” ya que nos brinda servicios técnicos y especializados y permite a los actuales coordinadores de TI focalizarse en aspectos de mayor incidencia para el cumplimiento de las metas de la organización. Se comienza así a destinar más tiempo a entender lo que la propia empresa quiere, lo que el propio negocio necesita y  a abocarse en mayor profundidad en el diseño de soluciones funcionales y en la gestión de los servicios. El desafío es muy importante porque cada día hay más equipos, más interdependientes y más exigentes.

Vamos hacia una realidad cada día más compleja. Parte de esa complejidad pasa porque ahora el Centro de Cómputos trasciende el recinto de las empresas y/o organizaciones y virtualmente se extiende a otras empresas. En ese contexto, le cabe al coordinador de las TI, buscar las estrategias que permitan simplificar no sólo la gestión sino la elección de soluciones en la búsqueda del más conveniente acople entre tecnologías, procesos y organizaciones. Habrá que saber elegir para encontrar lo mejor de cada función, de cada servicio y así estaremos cada día más cerca del cliente y nuestros informáticos cada día serán más expertos del negocio. En un futuro muy próximo será factor determinante para el éxito las TI de una empresa tener procesos dinámicos que permitan fácilmente y de forma segura adaptar, sustituir y complementar módulos de cualquier solución. Esos cambios nos permitirán ver la alternación de socios de negocio o proveedores con mayor facilidad.


Esta mirada personal a la evolución de las TI, nos muestra como los cambios que se van produciendo, impactan en la forma de gestionar las TI y como eso influye en las personas, en el ambiente laboral, en el relacionamiento y en la forma de entender y priorizar el uso de la tecnología