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domingo, 13 de septiembre de 2015

Una mirada personal a la evolución de las TI.

Siempre es bueno generarnos espacios de reflexión y poder compartir los mismos con quienes nos acompañan. En esta oportunidad mi idea es trasmitir mi visión con relación a como las empresas y organizaciones públicas y privadas han venido cambiando la forma de gestionar las Tecnologías de la Información (TI).

Hasta la década de los noventa,  los informáticos trabajábamos en cada Empresa en un ambiente técnico muy controlado con un dominio total de los programas que se ejecutaban a diario. Se conocía cada línea de código y se conocía como se usaba cada recurso del computador. En ese momento, los proveedores externos participaban de nuestro entorno principalmente suministrando los recursos físicos (hardware) y por supuesto los compiladores y bibliotecas básicas que permitían desarrollar y ejecutar las aplicaciones.

Aquí teníamos un jefe de centro de cómputo cuyo mayor desafío era tener controlado y dominado todo el software que se desarrollaba en el propio centro, se probaba con distintos juegos de datos, se documentaba y se pasaba a producción. Era común ver en esta etapa, a jefes con un perfil muy técnico debatiendo mucho sus ideas con los proveedores acerca del hardware y de sus beneficios. Era parte de su gestión, la correcta administración de los recursos de hardware ya que era el recurso CARO.

La tecnología como era de esperar fue evolucionando, las distintas gerencias y también los usuarios finales empezaron a demandar más y más funcionalidades  y comenzaron a desarrollarse nuevas empresas de software que generaban nuevos productos y nuevas soluciones. La cantidad de aplicaciones empezó a crecer dentro de los centros de cómputos y de a poco,  el jefe de estos centros se fue adaptando y comenzó a desarrollar nuevas habilidades gerenciales y  administrar cada vez más  aplicaciones. Como consecuencia directa,  empezó a delegar más, confiando  en sus colaboradores y empezó a controlar menos los aspectos de detalle  tecnológicos.  Las aplicaciones se fueron convirtiendo en “cajas negras” y el control de como trabajaba internamente cada aplicación empezó a ser bastante más desconocido. El desafío mayor del Gerente paso a ser el de coordinar a sus equipos conjuntamente con los colaboradores externos. Cada vez necesitó acordar más con los proveedores, generar acuerdos de nivel de servicio y de a poco fue clasificando a los proveedores de acuerdo a niveles de confianza.
Las habilidades gerenciales se orientaron a la negociación, las comunicaciones y el marketing, sin perder la necesidad de conocer su propio negocio: la informática.

Hoy por hoy,  se comprenden más los beneficios de la tecnología y se incrementan las demandas en funcionalidades  a la espera de respuestas más inmediatas o más rápidas. El Gerente debe resolver con mayor velocidad  y tiene cada vez más “cajas negras” que gestionar. Esas “cajas negras” cada vez más requieren comunicarse entre ellas, se definen y crecen los estándares y los protocolos de comunicación. Este cambio vuelve a impactar en el foco del Gerente, ahora tiene que ser el “director de orquestas” de ese conjunto de aplicaciones que se comunican todas con todas con lo cual,  ya no le queda tiempo para administrar cada una de las componentes de software por separado. Cada componente tiene su filosofía de trabajo, su administración, sus reglas, su propia configuración y su propia monitorización. Se ve la necesidad de incorporar equipos especializados para administrar cada componente y ya ese equipo de a poco empieza a estar fuera de la propia empresa.
Para apuntalar estos cambios,  se necesita tener el hardware (equipos, discos, etc.) con mayor velocidad y ello repercute en los tiempos disponibles para hacer una adecuada plantificación en la incorporación de nuevos.  Los tiempos para esa planificación se ven hoy cada vez más reducidos y en consecuencia, hay que evaluar alternativas más eficientes y eficaces que nos permitan disponer de la infraestructura de hardware y software en el momento que realmente se necesita.  
Una posible alternativa la visualizamos en “la nube” ya que nos brinda servicios técnicos y especializados y permite a los actuales coordinadores de TI focalizarse en aspectos de mayor incidencia para el cumplimiento de las metas de la organización. Se comienza así a destinar más tiempo a entender lo que la propia empresa quiere, lo que el propio negocio necesita y  a abocarse en mayor profundidad en el diseño de soluciones funcionales y en la gestión de los servicios. El desafío es muy importante porque cada día hay más equipos, más interdependientes y más exigentes.

Vamos hacia una realidad cada día más compleja. Parte de esa complejidad pasa porque ahora el Centro de Cómputos trasciende el recinto de las empresas y/o organizaciones y virtualmente se extiende a otras empresas. En ese contexto, le cabe al coordinador de las TI, buscar las estrategias que permitan simplificar no sólo la gestión sino la elección de soluciones en la búsqueda del más conveniente acople entre tecnologías, procesos y organizaciones. Habrá que saber elegir para encontrar lo mejor de cada función, de cada servicio y así estaremos cada día más cerca del cliente y nuestros informáticos cada día serán más expertos del negocio. En un futuro muy próximo será factor determinante para el éxito las TI de una empresa tener procesos dinámicos que permitan fácilmente y de forma segura adaptar, sustituir y complementar módulos de cualquier solución. Esos cambios nos permitirán ver la alternación de socios de negocio o proveedores con mayor facilidad.


Esta mirada personal a la evolución de las TI, nos muestra como los cambios que se van produciendo, impactan en la forma de gestionar las TI y como eso influye en las personas, en el ambiente laboral, en el relacionamiento y en la forma de entender y priorizar el uso de la tecnología

jueves, 13 de agosto de 2015

Garantía de los proyectos un rol muy importante.-

Sigue formando parte de mi inquietud, identificar, analizar y compartir diferentes aspectos vinculados a la gestión de proyectos de tecnología.

En algunas entradas anteriores, he comentado mi parecer en relación a la planificación propiamente dicha y al logro de una efectiva transferencia de conocimiento como condiciones muy importantes a la hora de evaluar el éxito de un proyecto.

Luego de haber dejado un tiempo este blog, me interesa compartir  otro de los aspectos que incide significativamente en la marcha eficiente de un proyecto. Me refiero específicamente a su estructuración desde un punto de vista organizativo, aspecto que generalmente es contemplado pero quizás no con los niveles de atención requeridos.  La organización de un proyecto necesita contar con las habilidades que permitan que los distintos niveles a crear no se transformen en un fin en si mismo, sino en partes de un todo que convergen hacia el logro de los objetivos planteados y de las metas que se pretenden alcanzar.

Ahora bien, la práctica indica que en el mundo de los proyectos, también es común ver, como en cualquier otra organización que involucra el ser humano, la reiteración de conductas que llevan a que veamos el “árbol” y no el “bosque” pensando siempre que el “rol” que cada uno desempeña o la “tarea” que cada uno realiza es la importante, la primera y quizás la única. Un gran Error.

Seguramente ante tal realidad constatable y recurrente la Oficina de Comercio Gubernamental del Reino Unido, desarrolló un método que es de uso global conocido como PRINCE2 (del acrónimo inglés PRojects IN Controlled Environment) que plantea, como su denominación lo indica, algunas directrices para asegurar el desarrollo de proyectos en “entornos controlados”. PRINCE2 cuida muy bien esos aspectos que hacen a la organización y a los distintos “Roles” involucrados en la misma.  

El “Rol de Garantía de Proyecto” como se denomina en el método propuesto, se le asigna a un equipo quien le corresponde velar para que el proyecto cumpla con los objetivos propuestos y las metas trazadas. Este rol tiene tanto funciones de Control como de Asesoramiento. Sin embargo, se plantea para ese rol algo que me parece puede contribuir a evitar lo que más arriba indicara. ¿Por qué? Porque ese Rol, es ejercido por personas independientes del proyecto que se convierten en “garantes”  para las partes interesadas (sea cliente o proveedor) de que el mismo se está llevando a cabo correctamente.

Es por esta razón que en la supervisión de la marcha del proyecto, de su rendimiento y de la obtención de los productos, esta figura se desenvuelve de manera independiente al Project Manager o Gerente de Proyecto y con dependencia directa del Comité de Dirección.  

Es responsabilidad del Comité de Dirección definir y cubrir este rol orientando la selección a quienes más allá de ser conocedores en profundidad de la gestión de proyectos y experimentados analistas de planificación, puedan reunir una capacidad de liderazgo y actitud de integración sobre principios básicos en el trabajo como lo son: objetividad, metodología, oportunidad en el reporting, priorización e independencia técnica.  Desde esta perspectiva, este rol, puede llevarse a cabo considerando la expectativas de la Empresa sobre los requerimientos del proyecto y velando por el caso de negocio que dio origen a ese proyecto.

Este rol de Garante a lo largo del proyecto trabaja para asegurar su éxito haciendo un control de calidad continuo. Factores claves para el Garante son asegurar la calidad de los productos, validar las características de las personas que trabajan en los distintos roles, asegurar la calidad del propio proceso y asegurar la calidad de los servicios y sistemas que se utilizan. Esto sin duda incluirá velar con objetividad de que las mediciones del progreso del proyecto sean confiables para el Comité de dirección del Proyecto.

Digamos para finalizar, que si pensamos en nuestras propias experiencias personales del día a día de los proyectos en los que todos y cada uno de nosotros pudo estar involucrado y lo hacemos desde una perspectiva abierta, seguramente concluyamos en que solemos “desfocalizarnos”  con los impactos negativos correspondientes en la obtención de los productos como son: calidad, tiempo, costo y alcance previsto. En consecuencia asignar presupuesto específico para cubrir este rol redundara en un beneficio claro y rentable para la Empresa.

Una mirada integral del “bosque” seguramente contribuya a eliminar esas prácticas tan cotidianas como peligrosas que a menudo nos generan desviaciones en el camino.

Hasta la próxima y bienvenido los comentarios que vengan..